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Crece la fiebre por el mercado ‘vintage’

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Los objetos retro y vintage están en auge porque prometen a los compradores singularidad y satisfacen su nostalgia

El pasado vende. Y muy bien. Lo saben las compañías de tecnología, pero también las de otros sectores, que están sacando al mercado productos inspirados en tiempos pretéritos o que están haciendo renacer propuestas retiradas de las estanterías de las tiendas. Es el caso, por ejemplo, de Nintendo, que junto a productos que son el último grito, como la Nintendo Switch, lanzó la Classic Mini, una consola retro para poder volver a experimentar juegos del pasado. Es un producto que la marca ya no comercializa, pero que ha sido todo un éxito. También apelan a la nostalgia y a épocas ya vividas el Nokia 3310, un teléfono mítico que ha sido relanzado, o las cámaras Polaroid, en las que la fotografía queda plasmada en un soporte físico y no es instantánea, sino que hay que esperar unos minutos para obtenerla, como antes.

Junto a estos productos, también están experimentando un éxito considerable ferias y mercados de segunda mano, en los que se venden juguetes de antes, ropa de otras épocas, muebles con historia de generaciones o libros que, a diferencia de los libros electrónicos, se ponen amarillos y toman un aspecto de objeto de culto. Piezas que se rescatan de las buhardillas y se les saca el polvo pasan de ser olvidadas y proscritas a atraer a nuevos compradores. El vintage y el retro están en auge. Aunque son conceptos diferentes, ambos tienen en común la veneración del pasado. El vintage hace referencia a los productos antiguos que se recuperan y vuelven a venderse y a utilizarse, mientras que el retro son objetos nuevos que evocan otras épocas. Tanto unos como otros suscitan bastante interés entre los compradores. Expertos de la UOC explican los factores de esta fiebre por el pasado y los motivos que empujan a las compañías a apostar por ellos.

Para Josep Maria Català, profesor de los Estudios de Economía y Empresa, el auge del retro y el vintage responde a varios motivos. Uno es la necesidad de volver a poseer físicamente objetos que hoy en día la tecnología ha descorporeizado y enviado a la nube. La necesidad de tocar las páginas de un libro, de colocar la aguja del tocadiscos o de jugar con objetos que puedan apilarse y que se caigan empuja a buscar este tipo de propuestas. «En el mundo digital, la posesión del producto se diluye. El consumidor siente que está perdiendo esta sensación de propiedad», explica Català.

Singularidad y nostalgia
Otro factor es que permiten al nuevo comprador o propietario diferenciarse, sentirse especial por poseer algo único. Francesc Núñez, sociólogo y director del máster universitario de Humanidades: Arte, Literatura y Cultura Contemporáneas de la UOC, asegura: «Este gusto por recuperar pedazos del pasado responde a la necesidad de satisfacer necesidades del presente, como por ejemplo singularizarse». Català coincide con él y, en el mismo sentido, afirma: «Lo que nos ofrecen los productos vintage o retro es, precisamente, diferenciarnos del resto».

Además de la sensación de poseer y la capacidad para hacer sentir único y especial a su comprador, los productos retro y vintage también apelan a las emociones y explotan la nostalgia. Català señala que estos productos «nos hacen revivir tiempos pasados y nos alejan de unos productos muy tecnificados pero un poco deshumanizados». Para Núñez, se asocian «a las emociones que despiertan objetos de nuestro pasado, que apelan al recuerdo y a la nostalgia».

Compradores de todas las edades
El pasado siempre ha sido venerado, pero es ahora cuando hay un mayor auge por todo lo retro y vintage. Núñez lo atribuye al hecho de que el futuro, en un momento de crisis económica, se percibe negativamente. Así, por contraste, el pasado se ve como una época de más prosperidad. «La incertidumbre del futuro, la negación del futuro o la percepción de que el futuro será peor que el presente nos hace recuperar esencias del pasado que nos despiertan esta nostalgia por objetos o por instantes del pasado que consideramos valiosos, estéticamente estimulantes y atractivos por evocadores», explica Núñez.

Los productos del pasado atraen a todo el mundo, a pesar de que en algunas ocasiones sus precios no son aptos para todos los bolsillos; la exclusividad que prometen también se refleja en la cifra que hay que pagar para adquirirlos. «Los compradores de edad más avanzada buscan rememorar los viejos tiempos y volver a tener las mismas sensaciones que cuando eran más jóvenes», explica Català. El profesor de los Estudios de Economía y Empresa añade, sin embargo, que los principales compradores de retro y vintage son los jóvenes: «Las nuevas generaciones ven en estos artículos un producto diferente». Núñez asegura que los compradores de estas propuestas buscan «la singularización», pero también «la seguridad», que se asocia al pasado, en contraposición a la sensación de incertidumbre y vulnerabilidad que suscitan los tiempos que tienen que venir.

Las empresas buscan imagen
Si los clientes del retro y el vintage son bastante transversales, también lo son los sectores en los que se han hecho un lugar: desde la ropa y los libros hasta la telefonía, pasando por los coches, los videojuegos, la música o la decoración. Català puntualiza, sin embargo, que donde hay un mayor incremento es «en los sectores donde la tecnología se ha apropiado más del producto». Es el caso de la literatura, con los libros electrónicos, pero también de la música, con plataformas como Spotify, los juegos de las consolas o los móviles y las cámaras de fotos.

Las marcas que apuestan por productos que evocan el pasado lo hacen por motivos comerciales. Además de los ingresos que les puedan proporcionar y el hecho de satisfacer a compradores exigentes y de alto poder adquisitivo, estas empresas también buscan mejorar su imagen de marca. Català asegura que las compañías buscan «una imagen de exclusividad» y añade que también anhelan diferenciarse de sus competidores: «Empresas que habían sido líderes y mundialmente conocidas, como Polaroid o Nokia, cayeron en la vorágine de las nuevas tecnologías y estuvieron a punto de desaparecer. Recuperar viejos productos que habían tenido unas cifras de ventas altas es una alternativa para poder hacerse un hueco en el mercado».



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