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En España el 16% de los matrimonios son interculturales

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Las familias mixtas aprenden a convivir con los prejuicios culturales, la añoranza del país de origen y el plurilingüismo en el hogar

Uno de los efectos de la globalización son las parejas mixtas en las que conviven miembros de diferentes países y nacionalidades. En España, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (2015), el 16% de los matrimonios está formado al menos por un cónyuge extranjero. «El éxodo de españoles, principalmente jóvenes, en busca de trabajo también ha contribuido a multiplicar los contactos entre culturas diferentes», explica Carmen Giró, autora del libro Familias globales: un hogar, dos culturas (Editorial UOC). Este tipo de relaciones —explican varios expertos de la UOC— conllevan la superación de obstáculos como distancias temporales, diferencias culturales y convivencia entre padres e hijos con varias lenguas en un mismo hogar.

Giró, que ha recogido varios testimonios de parejas y familias en esta situación, ha podido conocer más de cerca la historia de la inmigración. «Hay personas que han emigrado por motivos económicos, otras que lo han hecho por amor y otras, por sed de aventuras», explica la autora. En otras ocasiones, añade, matrimonios de conveniencia interculturales se han transformado después en un amor real o la amistad entre estudiantes de Erasmus se ha convertido en una relación amorosa.

¿El amor traspasa fronteras?

Las parejas mixtas deben afrontar los problemas propios de toda relación, pero agravados por la distancia que puede provocar el contacto entre dos culturas diferentes. Como explica Francesc Núñez, sociólogo de las emociones, puede haber concepciones del mundo que se den por supuestas en la cultura propia y que choquen de lleno con la cultura del otro. «Compartir un mundo, sobre todo el de la vida cotidiana, significa compartir mitos sobre el valor de la vida, la educación de los hijos, la autonomía personal, la importancia del amor, pero también decidir cómo se cocina un buen arroz, cómo se plancha la ropa o cuándo se considera que se debe lavar porque está sucia», afirma.

Tampoco hay que olvidar todo el sufrimiento y la añoranza que conllevan estos procesos migratorios. «La condición universal de la globalización no es vivida de la misma manera por todo el mundo, ni arraiga igual en lo cotidiano y en las conciencias de las personas», remarca Núñez. Por ello, en cuanto a la añoranza, la psicóloga de la UOC Mireia Cabero recomienda aprender a convivir con esta emoción, que es más realista que intentar superarla. ¿Cómo? «Aceptando de manera consciente lo que se echa de menos, procurando acercar lo que se añora». Y añade: «Y, en caso de que no sea posible, aprendiendo a vivirlo con tranquilidad y positividad.»

De todos modos, como apunta Giró, el grado de vulnerabilidad de estas parejas, posiblemente superior al de los demás, se puede afrontar con adaptación, diálogo y respeto. Una vez superados los prejuicios y asumidas las renuncias, estas relaciones pueden llegar a ser más fuertes que las que no se han encontrado con tantos obstáculos.

La multiculturalidad paritaria no existe en las familias

La transmisión cultural y de los valores en las familias es asimétrica, es decir, no es igual. Para Núñez, depende del lugar de residencia, sobre todo si se reside en el país de uno de los miembros de la pareja. Otros factores como el nivel cultural, social y económico de los miembros son también determinantes para que haya predominio, o incluso imposición, de una cultura sobre otra. En este último caso, la procedencia de un país del norte o del sur, la diferencia marcada de riqueza o un concepto muy diferente de los roles del hombre o la mujer en una sociedad pueden incrementar considerablemente la presencia de una cultura sobre la otra.

Para los niños, la situación que viven con culturas diferentes es natural, porque la han vivido desde que nacieron. Sin embargo, para los padres que eran «monoculturales» puede resultar un poco extraña. «Para ellos la valoración de la multiculturalidad no es la misma: la cultura añadida se les puede presentar como enriquecedora, un suplemento que pueden añadir, pero que en cualquier caso es optativo», aclara.

Para un bilingüismo equilibrado entre los más pequeños

Los padres de diferentes nacionalidades y lenguas suelen querer transmitir su idioma materno a sus hijos. La manera de hacerlo es, en muchos casos —como también Giró comprueba en las familias estudiadas—, que cada padre hable exclusivamente en su lengua materna a los hijos para que así los pequeños asocien cada idioma con una persona y se reduzca la posibilidad de mezclar las lenguas. «Esta estrategia, llamada UPUL (un padre, una lengua), es la más conocida y utilizada en familias mixtas», explica Maite Puigdevall, lingüista de la UOC. Pero esta estrategia no siempre funciona, porque a veces el niño no acaba de tener suficiente contacto con la lengua «minoritaria», es decir, no está suficientemente expuesto a la lengua que no se habla en la sociedad en la que está inmerso.

De hecho, muchos expertos recomiendan que si se quiere educar a los niños en dos lenguas, ambos padres, en casa, hablen la lengua minoritaria (si los dos la hablan, claro). Esta estrategia, explica Puigdevall, se denomina «en casa-fuera de casa» o «lengua minoritaria en casa, lengua mayoritaria fuera de casa». «Por esta vía los hijos pueden reforzar mucho la lengua minoritaria, ya que la recibirán de los dos padres mientras están en el hogar, y la mayoritaria la adquirirán en los entornos escolares y otras actividades.»

Los beneficios y ventajas de ser bilingüe desde pequeño son de tipo cognitivo y social. «Los bilingües parecen ser mejores que los monolingües en ciertos ámbitos, como las tareas que requieren control de la atención y control selectivo, en el cambio de tareas o en el aprendizaje de nuevas lenguas», dice la filóloga. Por otra parte, desde un punto de vista social, pueden tener más facilidad y la mente más abierta a la hora de comprender la diversidad y las diferentes perspectivas sobre la vida y la sociedad.

«La única desventaja del bilingüismo es temporal», apunta la experta. De pequeños, en los primeros momentos del proceso de adquisición de los idiomas los niños pueden tardar un poco más que los monolingües en producir el lenguaje y alcanzar las competencias básicas. Deben aprender más vocabulario e incluso estructuras muy diferentes dependiendo de la combinación de lenguas.



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