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De 10.000 a 15.000 refugiados rohinyás cruzan a Bangladesh en 48...

Entre 10.000 y 15.000 refugiados rohinyás han llegado en las últimas 48 horas a Bangladesh, con lo que ya suman 582.000 los que han huido de Birmania desde finales de agosto, dijo hoy la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Esos refugiados se encuentran en una zona de arrozales esperando ser sometidos a controles por parte de las autoridades bengalíes antes de ser transferidos a los principales campamentos que se han levantado para acogerlos.

Alrededor de un 60 % de los refugiados rohinyás son niños, según datos de Unicef, que advirtió que, de no recibir en breve nuevas contribuciones para atender esta emergencia, se verá obligada a recortar la ayuda que les aporta.

Unos 150.000 niños rohingya están «al borde de la desnutrición»

Save the Children ha alertado de la "grave crisis de desnutrición" que se cierne sobre el distrito bangladeshí de Cox's Bazar, al que han llegado desde finales de agosto más de medio millón de refugiados rohingya procedentes de Birmania, y ha señalado que casi 150.000 niños están "al borde de la desnutrición".

La ONG calcula que más de 280.000 personas necesitan con urgencia asistencia alimentaria, entre ellas 145.000 niños menores de cinco años y más de 50.000 embarazadas y madres lactantes. "Al menos 14.000 niños menores de cinco años podrían estar ya en una situación de desnutrición severa", ha subrayado en un comunicado.

El director de la emergencia sanitaria de Save the Children, Unni Krishnan, ha afirmado que los niños que llegan a Bangladesh "desesperadamente hambrientos y desnutridos" ha alcanzado niveles "alarmantes". Ya en los campos, estos menores "no tienen ningún tipo de higiene, viven rodeados de suciedad, con agua contaminada y dependiendo de las raciones de comida que reciben para sobrevivir".

Esta situación, según Krishnan, "pone a los niños en grave riesgo de contraer enfermedades como el cólera", potencialmente mortal en personas tan débiles. "En más de 20 años de trabajo humanitario jamás he visto una situación así, con gente en una situación tan extrema, especialmente los niños", ha añadido.

El responsable de Save the Children ha contado que en el campamento hay un gran número de menores con "claros signos de desnutrición", lo que se suma "al terror y la violencia que han vivido en su país".

"Otro de los problemas es que las madres están dejando de dar el pecho a sus hijos por el estrés de la situación y la falta de privacidad en los campos", a pesar de que la lactancia materna es "una de las mejores fuentes de nutrición". En estos casos "puede ser lo que salve la vida de un bebé".

Save the Children ha aumentado su distribución de ayuda, que incluye materiales de higiene, comida, utensilios de cocina, lonas y mantas, y espera llegar a unas 30.000 familias.

Los refugiados cuentan que sus pueblos fueron quedamos por completo y confirman casos de asesinato y violación. Fatima, que dejó el estado birmano de Rajine junto a sus tres hijos después de encontrar a su marido muerto, ha asegurado que llegó a pasar tres días sin comer.

"Mi hijo pequeño estuvo a punto de morir por falta de comida", ha dicho Fatima, que ahora recibe las raciones de comida de Save the Children. Así, ha podido pasar de cocinar "solo lentejas" a introducir "más cosas". "Estoy feliz", ha destacado.

La llegada de rohinyás a Bangladesh se intensifica pese al mal...

La llegada de miembros de la minoría rohinyá a Bangladesh huyendo de la violencia de Birmania (Myanmar) se intensificó en los últimos días pese al mal tiempo que azota la Bahía de Bengala, donde hoy se recuperaron cuatro cadáveres de niños de esta comunidad tras el hundimiento del bote en el que viajaban.

Más de medio millón de refugiados de esta minoría han arribado ya a territorio bangladeshí desde el pasado 25 de agosto, lo que supone unos 80.000 más que hace apenas 10 días, según datos de la oficina de la ONU en Bangladesh.

Miles de ellos optan por escapar de Birmania vía marítima pese a las malas condiciones meteorológicas que azotan en los últimos días la Bahía de Bengala, donde las autoridades bangladeshíes han pedido a las embarcaciones que se adentren en el mar con precaución y que permanezcan cerca de la costa.

Pese a la advertencia, los rohinyás se siguen lanzando a la mar, de donde se han recuperado 133 cadáveres de miembros de esta minoría desde el inicio de la crisis.

El último naufragio registrado tuvo lugar ayer y, según informaron desde la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), dejó 23 muertos -8 mujeres y 15 niños- y cuarenta desaparecidos.

"40 personas siguen desaparecidas. Tememos que el número de víctimas mortales pueda ser de más de 60", indicó a Efe la portavoz de la OIM en el distrito bangladeshí de Cox's Bazar, Hala Jaber.

La tragedia dejó 17 supervivientes y policías, bomberos y guardafronteras continúan buscando más personas con vida en la zona.

Mientras tanto, los rohinyás llegados en el último mes a Bangladesh continúan asentándose en los precarios y sobrepoblados campamentos de refugiados del distrito de Cox's Bazar, la zona en la que tienen restringido su movimiento y donde se teme que se desate una grave crisis sanitaria.

Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció hoy que vacunará contra el cólera a los refugiados rohinyás instalados en territorio de Bangladesh.

Esta campaña contra el cólera se hace de forma preventiva ya que las condiciones en las que viven los refugiados, sin acceso a agua potable ni al saneamiento, son las propicias para que surjan enfermedades contagiosas, alertaron desde la OMS, que está también vacunando a los niños contra la polio, la rubeola y el sarampión.

Además, la Federación Internacional de la Cruz Roja (FICR) advirtió de que sus equipos sobre el terreno en Cox's Bazar han detectado un alto número de casos de diarrea, que pueden o no estar relacionados con la bacteria que causa el cólera.

Por su parte, Unicef anunció hoy que establecerá 1.300 centros escolares en los campos de refugiados, que se sumarán a las 182 escuelas del organismo que ya atienden a 15.000 niños llegados a Bangladesh en anteriores oleadas migratorias.

En el ámbito político, los países miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU instaron hoy al Gobierno birmano a garantizar "acceso humanitario pleno y sin restricciones" al país y a hacer lo propio con la misión del organismo que indaga las presuntas violaciones cometidas contra los rohinyás.

En una resolución adoptada por consenso y sin necesidad de voto, los Estados miembros expresaron su "grave preocupación" por las recientes informaciones sobre serias violaciones de derechos humanos en Birmania (Myanmar) y pidieron el fin de la violencia y el retorno seguro, pronto y voluntario de todos los refugiados y desplazados rohinyás.

El inicio del éxodo de los rohinyás comenzó el pasado 25 de agosto, cuando se produjo un ataque por parte de un grupo insurgente de esta minoría musulmana contra puestos policiales y militares birmanos.

En respuesta, el Ejército birmano lanzó una campaña militar que ha sido tildada por el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos como "limpieza étnica de manual", mientras que más de medio millón de miembros de esta comunidad han huido del país.

La ONU aumenta a 412.000 los refugiados rohinyás llegados a Bangladesh

La oficina de la ONU en Bangladesh elevó hoy a 412.000 los miembros de la minoría musulmana rohinyá llegados al país desde Birmania (Myanmar) en las últimas tres semanas, 3.000 más que los registrados ayer, lo que supone la menor subida desde que el organismo comenzó a contabilizar a los refugiados.

"Ayer se produjeron menos cruces en la frontera comparado con los días previos. Sin embargo, hay un incremento en la movilidad interna entre los campos improvisados y los campos de refugiados (los reconocidos) hacia los campos improvisados", informó hoy el Grupo de Coordinación Intersectorial en su último informe.

El número de refugiados que se alojan en asentamientos "espontáneos" sigue aumentando y se sitúa ya en 233.000, mientras que unos 158.000, un millar menos que ayer, se encuentran en campamentos preexistentes, detalló.

Otros 21.000 rohinyás se encuentran en comunidades de acogida.

La movilidad de los más de 400.000 llegados a territorio bangladesí está "haciendo difícil proveerles de asistencia", mientras que la distribución de suministros entre los refugiados "de manera no coordinada está causando problemas de seguridad y congestión en las carreteras", añadió.

Un total de 412.000 rohinyás han huido a Bangladesh en las últimas tres semanas de la ola de violencia desatada en Birmania (Myanmar), donde el Ejército birmano lleva a cabo una campaña militar en respuesta a un ataque de un grupo de insurgentes de esa etnia contra puestos policiales.

La oficina en Bangladesh de las Naciones Unidas cree que el número de refugiados que han entrado en territorio bangladesí podría duplicarse en las próximas semanas.

La crisis comenzó el pasado 25 de agosto después de que un grupo insurgente local atacara unas casetas de Policía y del Ejército en Rakhine, lo que desencadenó una operación militar que ha sido catalogada por el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos como "caso de libro de limpieza étnica".

La tragedia de los Rohinyá

Si uno se sienta en la arena, cierra los ojos y aspira con fuerza, el hedor llenará los pulmones y se hará casi masticable en la boca; al abrirlos, el humo sobre las últimas aldeas incendiadas en Birmania podrá divisarse sin dificultad mientras se eleva lentamente.

La playa de Shah Porir Dwip, el punto más suroriental de Bangladesh, está en la desembocadura del río Naf en el Golfo de Bengala, que sirve de frontera física con Birmania (Myanmar).

Desde aquí se puede ver el país vecino y la inmensidad de un mar sacado de una estampa sin retoques de una agencia de viajes frente a una orilla en la que desde hace más de tres semanas no hacen más que desembarcar o naufragar familias con ancianos, niños, enseres, sacos y cuanto pudieron rescatar en su huida del Ejército birmano.

Hoy sólo se ven cadáveres de reses que se descomponen al sol despidiendo un olor que disuade hasta a las aves marinas carroñeras y los tradicionales barcos de pesca bangladesíes dormitando sobre un lecho marino descubierto por la bajada de la marea.

La soledad solo la rompe una familia rohinyá que da sus primeros pasos en Bangladesh tras haber logrado llegar en una de las pocas embarcaciones que hoy se atrevieron a desafiar a las autoridades birmanas.

"Hay pocos botes y el Ejército birmano no les está dejando llegar, hay que salir de madrugada o por la noche", indicó a Efe Elías, un hombre de 48 años y una piel tan curtida que podría cubrir a un anciano de 80.

Tras ver cómo los militares prendían fuego a su aldea de Nolgunya, Elías decidió ayer dejar de esperar, tomó a su familia, dejó sus tierras y se lanzó al mar.

Desde el pasado 25 de agosto, el estado Rakhine, en el oeste de Birmania, es escenario de una campaña militar tildada por la ONU de "limpieza étnica" y que, antes de que hoy lo hiciera Elías, ha llevado a más de 400.000 rohinyás a huir del país.

"Están disparando, están incendiando las casas, no sé por qué lo hacen", dijo con un gesto en el que el cansancio no permitía aflorar la indignación.

Asegura que, como él, hay muchos más que intentan escapar del país, pero que hoy los militares decidieron impedir a los botes que llegaran a recoger a los rohinyás que tratan de alcanzar el otro lado.

"Hay muchísima gente esperando a poder pasar a Bangladesh", dijo el hombre, al inicio de una andadura en la que lo único que sabe es que tiene que encontrar a alguno de sus parientes para que su familia tenga dónde dormir.

Con un pequeño en brazos con el que llegó en la misma embarcación junto a otras catorce personas, seis de ellas niños, Shaha Jan, de 25 años, da gracias porque "de alguna manera" consiguieron esquivar a los militares birmanos.

No lo dice, pero la mayoría de los 106 rohinyás que desde hace tres semanas han muerto en su intento de llegar a Bangladesh, acabaron ahogados en las aguas de las alrededores.

Desde Shah Porir Dwip aún se debe tomar otra embarcación para salvar las marismas que separan la costa exterior de tierra firme, un tránsito que ahora se hace desde un embarcadero anegado de barro tras ser destrozado por los tifones de la pasada estación.

Como puede, Fatem Begum, de 45 años, renquea a hombros de su hija, casi arrastrándose hacia allí.

"He perdido a dos hijos y a mi marido", explica, al comenzar una narración reiterada hasta la saciedad en la boca de cada rohinyá que ha debido salir huyendo después de que el Ejército llegara de noche o de madrugada a quemarles las casas y dispararles mientras escapaban.

Tras quince días escondida en la selva, hoy por fin logró dar el salto a Bangladesh para seguir caminando.

"No sé adónde voy, sólo quiero ir hacia allá...", dice, señalando con la mano hacia el horizonte de tierra.

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