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Granados se queja de que Marjaliza no esté acusado en el primer juicio de Púnica

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La defensa del exconsejero madrileño Francisco Granados se ha quejado hoy en el primer juicio del caso Púnica que celebra la Audiencia Nacional de que el presunto 'conseguidor' de la trama, David Marjaliza, no esté sentado en el banquillo de los acusados junto al que fue su socio. Durante las cuestiones previas del juicio que celebra la sección primera de la Sala de lo Penal, el abogado de Granados, Javier Vasallo, ha pedido la nulidad por "falta absoluta de motivación" de algunas de las pruebas y ha protestado acerca de la ausencia de Marjaliza en el proceso.

A juicio del letrado, "David Marjaliza es la única persona que pudo obtener algún lucro" del chivatazo que le dio el guardia civil José Manuel Rodríguez Talamino a Granados y a un exasesor de la Comunidad de Madrid, los tres acusados por un delito de revelación de secretos por el que la Fiscalía pide 3 años de prisión. Ese lucro seria el de la destrucción de pruebas y de documentación de la trama por parte de Marjaliza, al que ha calificado de "pieza fundamental" en la red y ha destacado que es "el único que ha tomado medidas desde 2013" encaminadas a ocultar sus actividades.

Según el letrado, cuando Marjaliza prestó declaración en instrucción durante 13 horas en las que detalló muchos de los pormenores de la trama corrupta y que le valió salir de prisión un año y medio antes que Granados, el juez y el resto de partes tuvieron "a bien liberar" de responsabilidades al presunto 'conseguidor' de la Púnica del proceso. También ha pedido el abogado la nulidad de todas las intervenciones telefónicas porque, a su juicio, vulneran el derecho de intimidad y del secreto de las comunicaciones de los acusados.

DINERO EL EL ALTILLO DE LA CASA DE SUS SUEGROS

Éstas "se deberían haber autorizado a través de autos concretos" pero, sin embargo, según su alegato, "infringen las reglas más elementales del control jurisdiccional que debió tomar el juzgado de instrucción". La Audiencia Nacional juzga desde hoy el presunto chivatazo que Talamino dio a Granados en septiembre de 2014 acerca de la operación Púnica que le llevó a prisión un mes después y que, según la Fiscalía, le permitió destruir pruebas y esconder dinero en efectivo no declarado, como el millón de euros que ocultó en el altillo de una habitación de sus suegros.

La pieza de la trama Púnica relacionada con el 'chivatazo' que dos guardias civiles le dieron al exsecretario general del PP madrileño Francisco Granados sobre que le estaban investigando arranca este martes en la Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional.

Este martes, miércoles y jueves son los señalados para esta vista oral que sienta en el banquillo de los acusados a Granados y a los dos guardias civiles, José Manuel Rodríguez Talamino y José Luis Caro Vinagre. Se enfrentan a una petición por parte de la Fiscalía de tres años de cárcel cada uno por los delitos de revelación de secretos y aprovechamiento de revelación de secretos.

El Ministerio Público acusa a Talamino de facilitar a Granados información reservada sobre la investigación contra el empresario David Marjaliza, lo cual "tuvo importantes consecuencias", ya que "dicha difusión obstaculizó y entorpeció gravemente el curso de la investigación que llevaba a cabo el Grupo de Delitos contra la Administración de la Guardia Civil, menoscabando la prestación de ese servicio público y causando un importante daño a la causa".

Según el escrito de acusación, en septiembre de 2014 Talamino informó primero a su amigo Caro Vinagre, guardia civil en excedencia que desde el año 2000 llevaba desempeñando cargos de confianza en la Comunidad de Madrid promocionado por Granados, y después desveló la investigación al exdirigente 'popular'.

OCULTÓ SUS GANANCIAS ILEGALES

Entre las consecuencias que destaca la Fiscalía, el escrito señala que Granados "se aprovechó de la información en su propio beneficio para ocultar sus propias ganancias ilegales, escondiendo el dinero en efectivo no declarado en domicilios de amigos y familiares". "Una parte de los beneficios ilícitos ocultados fue localizada en un altillo de la habitación de los padres de su esposa María Nieves Alarcón", explica.

Por su parte, Marjaliza, con la ayuda de su secretaria Ana María Ramírez, "acopió toda la documentación incriminatoria archivada en la sede central de sus empresas, destruyéndola".

Además, "retiró y escondió el dinero en efectivo que guardaba en la caja fuerte" de sus oficinas en Pinto, "con el que retribuía a alcaldes o anticipaba en nombre de la sociedad Cofely", además de que "ocultó documentación que le relacionaba con su circuito financiero extranjero".

A pesar de que la Fiscalía señala estos hechos como parte de las consecuencias que tuvo el chivatazo, el empresario no ha sido procesado en este juicio, y eso que confesó durante la instrucción del 'caso Púnica' que había "quemado" todos los documentos que le incriminaban.

DESINSTALARON LA CÁMARA CON LA QUE INVESTIGABAN A MARJALIZA

Otra de las consecuencias que menciona el fiscal es que el Grupo de Delitos contra la Administración, al conocer que Talamino estaba facilitando información, "montó una operación ficticia" para desinformarle y "mantenerle alejado de su lugar de trabajo y de Valdemoro", al tiempo que se le solicitó que desinstalara la cámara que se había colocado frente al edificio de las oficinas de Marjaliza. "La retirada de dicho medio provocó la pérdida de una fuente de información muy valiosa para los investigadores", remarca.

Asimismo, imputados como Granados, Marjaliza y Ramírez "adoptaron precauciones intensas y eficaces al conocer que se investigaban delitos de corrupción, disminuyendo la frecuencia de las llamadas y evitando pronunciarse sobre temas de interés a través de los teléfonos". Y el grupo investigador redujo, por seguridad, "la actividad operativa y los seguimientos a los investigados, lo que provocó la pérdida de información".

La Fiscalía acusa a Talamino de desvelar información "a sabiendas de que estaba sometida a absoluta reserva y no debía ser divulgada", quebrantando así "el deber de sigilo que su propia profesión le imponía", descubriendo a los sospechosos "la naturaleza de la investigación" y explicándoles que "la cosa era seria".